Que tiempos aquellos en los que los Reyes Magos satisfacían mis deseos. Bastaba con escribir unas cuantas lineas, llenas de sentimiento y faltas de ortografía, para que en la mañana del 6 de Enero develara los obsequios solicitados. Nunca los metí en apuros. Mis deseos no pasaban de ser artículos asequibles en cualquier tienda de la ciudad a un módico precio. La inocencia no me permitía ordenar objetos extravagantes.

En esta carta, escrita a los doce años, hago uso del chantaje o, como algunos dirían, carisma infantil.

Bueno pero en fin quisiera pedirles (de rodillas) sino me pudieran traer algunos de los siguientes obsequios…Ya que esto es mucho les pido que acepten esta pequeña ayuda.

Que astuto rufián. Pidiendo de rodillas y aportando una pequeña ayuda. Háganme favor. Bien dicen los ancianos que los niños son más inteligentes de lo que creemos.

Reyes Magos, ¿por qué me abandonaron? ¿acaso me porte muy mal?

Publicado en Filosofía, Lingüística el 01/07/2008. Sin comentarios.

Los especialistas suelen dividir la vida humana en etapas de desarrollo. Infancia, niñez, adolescencia, juventud, adultez y ancianidad. En cada una de estas etapas, el desarrollo cognoscitivo implica procesamiento de información. Los bebes nacen y aprenden, de forma natural, aspectos relevantes de su entorno; identifican conceptos ensayando y comprobando las acciones de sus semejantes. En promedio, a los cuatro años se les ofrece una vaga introducción a la lingüística y a las matemáticas. Posteriormente, cursan estudios medios y superiores; relacionan ideas, generan opiniones, emiten juicios, fortifican su conocimiento. Y así es como aparece el dilema. ¿Como procesar eficazmente, partiendo de recursos limitados, el abundante y copioso conjunto de datos con el que interactuamos cotidianamente?

La capacidad retentiva del cerebro humano, salvo en casos especiales, no va más allá de ofrecernos acceso a la información con la que estamos relacionados constantemente; los temas con los cuáles no estamos familiarizados, o aquellos que han sido parte insignificante de nuestra vida, terminan sepultados en el olvido. Es cierto, con esfuerzo, recónditos pasajes pueden llegar a la luz. El inconveniente esta en no tener la información disponible instantáneamente. Nuestro cerebro tiene límites, no somos máquinas de almacenamiento, somos artífices del procesamiento.

Los sistemas de información administrados por máquinas aparecen para solventar este tipo de problemas. Y es que sin ellos, el trabajo que tendríamos que realizar sería desgastador y , en cierta medida, superfluo. La revolución de Internet, con una inmensa estructura de redes interconectadas, ha contribuido enormemente al fácil acceso de la información. Hoy en día, la tarea de buscar alguna solución o punto de partida de un problema se puede reducir a realizar una consulta a través de un motor de búsqueda. El tiempo que pocos años atrás investigadores tenían que invertir en analizar grandes volúmenes de datos, ahora pueden utilizarlo en el perfeccionamiento de técnicas o la especialización. Ganamos tiempo al automatizar tareas irrelevantes. La gente tiene necesidades y quiere respuestas. Nada es más valioso que el tiempo de una persona.

Empresas lideres en el mercado de Internet se han enrolado en la tarea de gestionar la información que nos circunda. Queda claro en la misión de una de ellas:

Our mission is to organize the world’s information and make it universally accesible and useful.

El futuro de una sociedad recae entonces en su habilidad para poder distribuir y organizar la información. Como tal, toda persona debería tener libre y rápido acceso a la información de dominio público. Recordemos, pues, que nuestro talento no es almacenar, sino abstraer.

Publicado en Lingüística, Tecnología el 14/06/2008. Sin comentarios.

Toda historia tiene un comienzo, y como tal, este es el comienzo de un esfuerzo por encontrar el tiempo suficiente para plasmar el cúmulo de ideas y experiencias que forman el día a día de mi vida. Lo he intentado vanamente otras veces, siendo la falta de compromiso, perseverancia y dedicación las claves de mi fracaso. Es cierto, en la medida de lo posible, trato de mantener un alto grado de exactitud y seriedad en el uso del vocabulario, lo que para algunos puede parecer pretencioso y cansado, para mi refleja un fuerte compromiso con la belleza del lenguaje.

Inicio con un agradable “Hola Mundo” para hacer honor a la profesión que tantos frutos me ha dado. Estoy convencido que la belleza de la frase y su uso tan extendido son ni nada más ni nada menos que resultado de la sencillez.

Es pronto para decir lo que el futuro nos depara. Espero contribuir con mi enorme curiosidad a la construcción y perfeccionamiento de la Sociedad del Conocimiento.

Publicado en Lingüística el 15/04/2008. Sin comentarios.