Nada es mas difícil de practicar que la sinceridad, y nada más fácil que la adulación. Si por desgracia se desliza en la sinceridad la más leve nota falsa, se produce en seguida una disonancia, con el escándalo consiguiente. Que en la adulación todo sea falso, de la primera nota a la última, poco importa; siempre resulta agradable, se la escucha con placer, un placer poco elevado, sin duda, pero placer al fin. Y por grosera que sea la adulación, la mitad por los menos de lo que encierra parece cierta al interesado. Esto ocurre en todas las clases sociales. Sería posible seducir a una vestal recurriendo a ella.
— Crimen y castigo, Fedor Dostoievski