La mayoría de las veces es difícil definir con certeza las palabras que utilizamos cotidianamente. ¿Quién no ha dicho amistad alguna vez? ¿Existe alguna definición que englobe homogéneamente lo que es la amistad?
En el podcast número 34 Mark Vernon on Friendship del sitio Philoshopy Bites, Mark Vernon argumenta que si comparamos entre sí diversos tipos de amor, por ejemplo el familiar, el de la divinidad y el sexual, el amor entre amigos se distingue por el deseo de “Conocer y ser conocido”. Idoneamente buscamos entender lo que es la otra persona, compartir nuestras experiencias; buscamos lealtad, confianza y comprensión. En un mundo tan contradictorio y lleno de competencia, el cobijo de una relación sincera en la que podamos ser nosotros mismos, sin la necesidad de asumir papeles, es un gran privilegio.
A lo largo de nuestras vidas conocemos a gran cantidad de personas, y de todas ellas, una ínfima parte forma parte de nuestro círculo de amigos. Inclusive, de este círculo, solo a unos cuantos podremos llamarle mejores amigos.
¿Qué es lo que hace de un amigo un mejor amigo? ¿Porqué encontramos mayor afinidad en unas personas?
Aristóteles hace una interesante distinción entre las amistades. La primera se da cuando compartimos actividades; tal es el caso del trabajo, la escuela, o alguna actividad recreativa. El tiempo juntos y la semejanza de nuestras experiencias cotidianas fomenta la interacción. Similar es el caso de la segunda distinción: la amistad en la cual se comparten gustos. Gusto por la cocina, gusto por el futbol, por salir a un bar en la noche. Y no es que ninguna de estas dos sean despreciables, pero ¿qué pasa cuando después de un tiempo no es posible acudir a los mismos sitios, la afinidad entre gustos se agota o, simplemente, no existe nada interesante que platicar? Es en este caso en el que la tercera distinción toma relevancia. La amistad por excelencia, en las que dos personas se aman por lo que son. La amistad no depende en terceros, es el descubrimiento y comprensión de lo que la otra persona es. Y en total acuerdo con Vernon, el ejemplo más representativo es el de dos personas que pueden disfrutar del tiempo compartido en silencio.
En tanto a la amistad, no hay nada más valioso que encontrarse con un amigo que hace no tiempo no vemos y percatarse de que el fuerte vínculo sigue vivo. De nuevo, el tiempo es sabio al darnos lecciones.