Una idea al día

Mono   Sueños    Pregunta   

Mi nombre es Luis Óscar y soy un joven mexicano que cree y confía en el enorme potencial de su país. Trabajo como Ingeniero de Aplicaciones Web en Affen Bits. A diario me pregunto ¿qué es la vida?

May 23, 2010 at 11:23pm

El espejo

Aquella noche todo cambió. La pasión y desenfreno aplacó a mi inocencia pueril. Sentí frío, miedo y curiosidad, ansias por tocar lo que mis ojos veían en el destello de su piel. Esa noche me enamoré. Y no de cualquier mujer, me enamoré de una puta. Vestía de azul y mezclilla, el pelo lacio, recién domado por la plancha, resaltaba el negro de sus ojos. Me cautivó su sonrisa; ella entendía lo que pasaba, lo quería, contemplaba mi desconcierto y callaba. Tal vez fue mi estupidez lo que la desconcertó. Quería que yo avanzara, que la guiara y le dijese lo que sin cuidado ella podría enunciar. No es que no quisiese, era inocencia, por no decir, inexperiencia. Eufemismos, pero que más da, al final expresan lo mismo. Me animé y le dije que era el momento, ella lo entendió. Asintió y me recomendó que tomásemos aquel camino. -En el norte hay calidad- dijo con emoción. Minutos de silencio. Minutos de tedio y placer. Llegamos, nos instalamos y nos perdimos. Ese día me enamoré. Qué noche.

April 27, 2010 at 1:20am

Llamemósle amor

Desnudo en el desván, contemplo la precaria silueta de aquella hermosa niña de piel morena y mirada de hoguera. Suspiro y dilucido temor. Ella no cree, dejó de creer, perdió la fe. La hermosa niña de piel morena me mira. Me admira, me teme, me añora, me construye y me destruye. Me enaltece y me tira, grita internamente, se encoje, risueña y candente, feto desconcertado, aturdido y novato. La niña teme, me detesta y me ama, juega sin saber jugar y levanta la voz. La voz no se escucha, es muda, los oídos se agudizan y nada, nada llega.

Desnudo en el desván, la veo. La niña calla. La niña vive y olvida, despierta y se acuerda, grita y se queja, la niña llama. Me enciende, la niña es agreste, la niña pretende cultivar, esparce sus semillas y las abandona, olvida regarlas, las semillas mueren, la potencia no retoña, en potencia queda.

Desnudo en el desván, la imagino, recreo el futuro, la deseo, concentro las promesas incumplidas, sueños faustos, sueños de niños, tertulias nocturnas, madrugadas misteriosas, miedos compartidos.

Desnudo en el desván, la recuerdo y me recuerdo. Desnudo en el desván, la fabrico.

En cuarenta y nueve minutos será medianoche.

March 9, 2010 at 1:04am

Crecer, compartir y aprender

Wittgeinstein se preguntaba, ¿qué tenemos que saber para poder aplicar términos como “silla”, “hoja” o “juego” de manera inequívoca sin provocar discusiones?

Análogamente, ¿existe una definición inequívoca del amor? En expresiones tan populares y de extrema relevancia, el consenso suele ser el rey de la corte. La definición hecha por la Real Academia Española resalta por su delicado y profundo poder expresivo:

Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

Y sin embargo, cada cual podría objetar que es insuficiente. Insuficiente y ciertamente sintética.

No creo que haya una definición perfecta y completa del amor. La definición adecuada depende del contexto y lenguaje en el que se exprese. Con toda seguridad, una definición como la de la Real Academia Española nos permite hablar en términos afines.

Mi aportación a este dilema es una definición más. Puedo acotar al amor en la plenitud y unión de los verbos “Crecer, compartir y aprender”.

La historia del nacimiento de esta frase es bella. A altas horas de la noche, en el suave confort de mi cuarto, platicaba con mi novia por teléfono. En cierto momento, con un hipócrita tono de sabiduría, le pedí que me definiera que es el amor. Para mi sorpresa, su respuesta fue de lo más reveladora. No inquirió en declaraciones pomposas llenas de tenor; respondió con un simple y arrollador crecer. A su respuesta siguió la misma pregunta, “y para ti, ¿qué es el amor?” Inútilmente intenté encontar una respuesta con rapidez. La respuesta enfrascada en un verbo me hizo sentir que la compleja elaboración que tenía en mente era superflua. No fue sino que tras un pausado y largo espacio que pude dilucidar el complemento de esta maravillosa frase: “compartir y aprender”. Esa noche no paramos de platicar y orgullosos de nuestro “descubrimiento” nos despedimos después un largo rato.

¿Por qué me parece una frase tan reveladora? Porque enuncia lo que debería de tener cualquier relación. Aumentar las capacidades del individuo (crecer), repartir y distribuir lo bueno y lo malo, los triunfos y los fracasos (compartir) y adquirir conocimientos para mejorar (aprender).

Unos meses después de aquella llamada telefónica, ordené un iPod con la frase grabada en la parte posterior. Hace unos años, cuando mi sobrino apenas tenía 3 años, le regalé el iPod. El iPod debe de estar guardado en un recóndito rincón. Espero que algún día pueda comprender lo que tuvo en manos.