La evolución no es un proceso dirigido a un fin
El que los humanos necesiten un fin no significa que la naturaleza tenga un fin. La búsqueda de un fin es un tema meramente psicológico y sociológico.
Cedo la palabra a la monumental obra de Thomas Kuhn, la “Estructura de las revoluciones científicas”:
El proceso de desarrollo descrito en este ensayo ha sido un proceso de evolución desde los inicios primitivos, un proceso cuyos estadios sucesivos se caracterizan por una comprensión de la naturaleza cada vez más detallada y refinada. Sin embargo, nada de lo que se ha dicho o se vaya a decir hace de ello un proceso evolutivo hacia nada. Es inevitable que esta laguna haya perturbado a muchos lectores, pues todos estamos profundamente habituados a ver la ciencia como la única empresa que constantemente se aproxima cada vez más a alguna preestablecida por la naturaleza.
Meta a la que, entre otros nombres, llamamos verdad. Kuhn se pregunta:
¿Pero acaso hace falta que exista tal meta? ¿No podemos explicar tanto la existencia como el éxito de la ciencia en términos de evolución a partir del estado de conocimiento de la comunidad en cualquier momento dado? ¿Acaso sirve de algo imaginar que existe una descripción plena, objetiva y verdadera de la naturaleza y que la medida adecuada de una realización científica es hasta qué punto nos aproxima a dicho fin último? Si logramos sustituir la evolución-hacia-lo-que-queremos-conocer por la evolución-a-partir-de-lo-que-conocemos, se desvanecerán en el proceso un cierto número de problemas embarazosos.
Tomemos por ejemplo a la obra de Charles Darwin:
Todas las teorías predarwinistas de sobra conocidas…habían entendido que la evolución era un proceso dirigido a un fin…Cada nuevo estadio del desarrollo evolucionista era una más perfecta realización de un plan que había estado presente desde el comienzo.
Para muchas personas, la abolición de este tipo de evolución teleológica fue la más importante y menos aceptable de las sugerencias de Darwin. El origen de las especies no reconocía meta alguna establecida por Dios o por la naturaleza…Incluso…el ojo y la mano humana, órganos cuyo diseño había suministrado anteriormente poderosos argumentos en favor de la existencia de un supremo artífice y de un plan preconcebido, eran el producto de un proceso que avanzaba regularmente a partir de los inicios primitivos, pero no hacia meta alguna.
En la escuela nos enseñan que el fin último de la ciencia es la verdad. En el año 1930, David Hilbert pronuncia en un discurso,
Wir müssen wissen. Wir werden wissen. (We must know. We will know.)
El paradigma actual de la educación debe cambiar.